Un emisor de calor para mantener la temperatura ambiente es lo que comúnmente denominamos como radiador.
Para producir el calor generalmente se utilizan tres fuentes de energía; electricidad, gasoil o gas, según si utilizamos radiadores eléctricos, calderas de gasoil o calderas de gas. Cuando hablamos de radiadores eléctricos el calor se genera en el propio radiador, sin necesidad de caldera. Se habla en la actualidad de calor azul a aquel producido por
radiadores eléctricos de muy bajo consumo. Por contra, el uso de calderas implica que el calor se genera fuera del radiador. Es la caldera la que calienta el agua que circulará por el circuito de calefacción cerrado hasta llegar a los llamados
radiadores de agua, siendo éstos meros transmisores del calor al ambiente.
Para el cálculo de la potencia necesaria a instalar en su calefacción intervienen varios factores, y vendrá especialmente determinado por las condiciones climatológicas del exterior de la vivienda, por su distribución, por su aislamiento, por la temperatura interior que usted requiera y por el salto térmico entre el exterior y el interior de la casa.
Los radiadores están compuestos por distintos materiales como el acero, aluminio, piedra, chapa, hierro... y adoptan diferentes formas, tamaños o potencias caloríficas, pero todos ellos tiene la misma función principal, emitir calor al ambiente. Esta flexibilidad en cuanto a materiales, formas y potencias ha propiciado que en la actualidad encontremos en el mercado radiadores de diseño creados para los interiores más vanguardistas.
Existen en la actualidad radiadores para usos específicos o lugares concretos de la vivienda como los radiadores toalleros, los cuales se utilizan en el baño para además de emitir calor, mantener las toallas secas y calientes.