Una
fuente es un surtidor de
agua, que como elemento arquitectónico suele estar situado en un espacio con fines utilitarios, de confort ambiental o decorativos. Así, distinguiremos dos grandes grupos, las
fuentes de interior y las
fuentes de exterior, según el lugar en el que sea recomendable su uso.
Originalmente, las
fuentes se hallaban en las plazas o lugares céntricos de los pueblos para abastecer de agua a los habitantes y calmar la sed de sus animales, un uso exterior. Solían ser lugares de encuentro que propiciaban las relaciones sociales de la comunidad.
En la Edad Media, la cultura islámica elaboró bellos ejemplos del fuentes en edificios privados y zonas públicas, tales como palacios, patios, jardines, plazas y mezquitas, combinando la utilidad con la belleza, sirviendo estas también para aclimatar los citados espacios.
En Europa, los artistas y arquitectos renacentistas mostraron su ingenio y destreza en hermosos diseños de fuentes, tanto públicas como de uso privado, culminando en los desbordantes y complejos conjuntos escultóricos que muestran las fuentes del arte barroco.